Lo sucedido en Navarra por los años 1917-1919 en torno
a la reintegración foral es una de las páginas
de nuestra historia que dejan más en evidencia los modos
empleados por el cuarentaiunismo para aplastar las reivindicaciones
populares.
Pocas veces ha quedado tan patente que el enemigo de Navarra,
el cáncer que se oponía a las demandas universales
del pueblo, estaba dentro del País, rigiendo la Diputación,
sentándose como representante de los navarros en las
Cortes y en el Senado. Navarra recibió la lección
hace sesenta años. No la aprendió. Hoy [1976-1977]
vuelve a tener palpitante actualidad.
El movimiento popular de finales de 1918, y sobre todo la asamblea
de Pamplona en diciembre de ese año, revelan con absoluta
nitidez cómo el cuarentaiunismo manipuló a los
navarros. No se trataba entonces de asociarse con los vascos,
sino de hacer realidad el anhelo general de re-cabar soberanía
y fuero perdidos por Na-varra y para Navarra. Como sucederá
en 1932 con el Estatuto Vasco-Navarro, la campaña municipal
en pro de la reintegra-ción foral plena se vio abortada
por un sector minoritario.
J. M. J. J.