El quinquenio de la Segunda República constituye uno
de los momentos más ricos en la experiencia democrática
contemporánea del País Vasco y más concretamente
de Navarra. La historiografía posterior ha silenciado
aspectos importantes de la realidad navarra, cuando no los ha
interpretado unilateralmente o deformado gravemente. Merece
la pena exhumar unos datos para descubrir qué pasaba
aquí por los años 1931-1936. […]
Proclamada en todo el País la República, fue
recibida con prevención por unos y con alborozo por los
adscritos a partidos políticos de izquierda. Quedaba
inaugurado un período liberal. Muchos lo saludaron con
esperanza, convencidos de que la victoria del pueblo pondría
freno a mil abusos y a la explotación del hombre. El
pueblo gozaría de libertades democráticas. […]
Más de cinco años –los que duró
la Segunda República– pasaron los navarros protestando
contra una Diputación nombrada por republicano decreto,
que, pese a su voluntad de servir al País, no representaba
los intereses del pueblo sino del Gobierno que la designó.
Cinco años de descontento, precedidos por los ocho de
la Dictadura y por casi un siglo de lucha para lograr la reintegración
foral, la obtención de la soberanía del «reino
perdido».
Un lustro, el último de un siglo, de protestas estériles,
por no haber tenido la suficiente visión y personalidad
para haber asido con firmeza la única solución
eficaz en aquel momento clave de junio de 1932: la creación
del Estado Vasco-Navarro federado, dentro de la federación
hispana.