«El proyecto de recoger los topónimos de Iruñerria,
es decir, de Pamplona y su tierra, surgió a finales de
1983. La investigación se centró inicialmente
en la toponimia de las cinco cendeas próximas a la ciudad,
por considerar que su conocimiento era "imprescindible
y previo para el futuro análisis de la de Iruña,
tarea en que tengo puesta la mira", según decía
en el prólogo al estudio de la Cendea de Zizur.
Hacían urgente el estudio de la toponimia pamplonesa
motivos de índole histórica, sociológica
y lingüística, y razones pragmáticas, singularmente
las transformaciones operadas en un suelo, hasta principios
del siglo XX predominantemente agrícola, y actualmente
urbanizado. Por otra parte, a las publicaciones sobre toponimia
rural de Pamplona les ha faltado metodología en la investigación,
sentido crítico en el análisis y tratamiento serio
en la exposición.
Solamente cumpliendo esas premisas, los materiales toponomásticos
serán instrumento válido para un mejor conocimiento
de aspectos culturales de la ciudad (historia, geografía,
sociología, economía, etnografía y lingüística).
[…]
Conscientes de las dificultades de la empresa, con el fin
de obtener mejores resultados, nos hemos repartido el trabajo.
Jimeno Jurío ha corrido con la investigación de
archivo y el estudio histórico y Patxi Salaberri, además
de aportar datos de archivo, se ha encargado principalmente
de los aspectos lingüísticos generales y del análisis
de cada topónimo.»