Presentación Navarra Estado europeo

El autor, tras publicar varias obras donde desenmascara la impostura de la división entre navarros y vascos (La Navarra marítima, La voluntaria conquista y Navarra sin fronteras impuestas), entra ahora de lleno en el conocimiento de la cultura política de Navarra.
Por ello el autor comienza su libro con el desenmascaramiento previo de las falsedades historiográficas. La historia debe ser la realidad y no podemos resignarnos a tener que vivir desconociendo para siempre la verdad, ocultada por unas historiografías (la española y la francesa) cuyas metas son respaldar las falsificaciones establecidas para justificar a los dos Estados gran-nacionales.
En este libro se trata de recoger lo fundamental de los hechos que tienen relación con Navarra como Estado en el conjunto europeo. Como veremos, Navarra no es una comunidad cultural, ni una provincia o autonomía, es sobre todo una sociedad política estatal europea. Navarra es el demos, o sociedad política, mientras que Euskal Herria es el etnos, o comunidad cultural.
Tiene el valor de un libro blanco donde documentalmente se muestran los sólidos testimonios que prueban como el hecho navarro es una realidad nacional europea. Se descubre por lo tanto la endeblez de las denominaciones políticas ocultadoras y minorizadoras impuestas, cargadas de eufemismo, como lo son «provincia foral», «territorios forales», «territorios históricos», «comunidad foral o autónoma», «autonomía constitucional», «derechos históricos», «regiones y nacionalidades» y «estatutos de autonomía».
Reconocer la conquista y sus secuelas, a algunos les resulta insoportable, pues pone en solfa su dificultoso y virtual acomodamiento de estar como españoles o franceses. Se encierran en un presentismo totalmente acientífico por el que trasladan la dependencia del presente al pasado, empeñándose en querer ver los hechos históricos desde sus perjuicios actuales.
Tan Navarra recortada son los llamados e inexistentes «Estados vascos», como el «irurak bat», el «laurak bat», el «zazpiak bat», el «seiak bat» o actual Comunidad Foral de Navarra, pues son fruto de procesos nacionicidas y particionistas. No saldremos de esta situación, si no nos libramos de las ataduras entretejidas durante la dominación.
Se trata de reencontrar el poder estatal nacional para conseguir la recuperación de la soberanía de los ciudadanos en su propio Estado, frente a los poderes impuestos de los Estados gran-nacionales, que se visten constantemente de falsa retórica pluralista global o universal, con el objeto de desposeer a la sociedad dominada del auténtico poder. No se trata únicamente de una aculturación, que ciertamente lo es, sino también de una suplantación de la sociedad dependiente y de su propia centralidad estatal, que queda ocultada y negada a los ojos de los dominados.
Las pruebas documentales que se recogen en este libro reflejan un realismo socio-político que no es algo anecdótico o meramente casual, ya que son la base objetiva de la fundamentación del poder político, su legitimación y centralidad; y sobresalen todavía más, como una firme isla en medio de las turbias aguas de los soportes historiográficos de las gran-naciones vecinas, fabricados para justificar los planteamientos políticos dominantes.
Las pesadas losas de la desinformación y de la taimada tergiversación ocultan una realidad palpitante. La existencia de la sociedad nacional navarra es todavía omnipresente, a pesar de las desproporcionadas presiones, seculares e intensas, para hacerla desaparecer.
Como opina Jacques Heers, las escuelas historiográficas dominantes en las Universidades francesas y españolas abordan la investigación con la idea predeterminada de que el progreso está en el Estado gran-nacional. Así, tratan de buscar ilustración y confirmación a ese prejuicio, recortando documentos e informaciones. Favorecen con dicha «metodología» la citada «hipótesis de trabajo» y obvian hechos que resultan indiscutibles pero que podrían ir en contra de la idea sagrada. Se usan entonces frases hechas, pueriles, incluso tan grotescas como la manida de «la excepción confirma la regla».
Se recoge información sobre significativas manifestaciones de la estatalidad de Navarra como las instituciones del Estado, con su sistema jurídico completo; las formas de medición propias (monetaria, pesas, medidas y calendario), la lengua nacional, los símbolos, la soberanía nacional, la Iglesia «nacional» y la presencia navarra en la cultura universal.
La última parte del libro se refiere a lo ocurrido tras las conquistas y la consiguiente negación del Estado navarro. Éste, a pesar de hallarse forzadamente ocultado, está hibernado, al igual que la soberanía de la sociedad navarra. Se describen consecuencias como el nacionicidio, lingüicidio, expolio y censura de libros; la participación de la Iglesia en la conquista y dominación de Navarra; el desmantelamiento jurídico, la minorización y la primitivización de la cultura; la destrucción del patrimonio y el caso del Palacio Real de Pamplona entre otros expolios. Concluye con el capítulo sobre los permanentes esfuerzos de los navarros por recuperar la independencia. Todo se completa con los anexos, la cronología histórica del Estado navarro y la bibliografía.
La realidad política de la existencia del Estado nacional navarro, está suficientemente documentada y cuyos residuos se hallan en los restos de la foralidad actual. El origen de la conflictividad existente se halla en las conquistas que, en definitiva, España y Francia realizaron sobre Navarra.
Las violentas conquistas de los siglos XVI y XVII se hicieron contra un Estado europeo y moderno. De ninguna manera se trataba de la desaparición de un «reino medieval», «reino hispano» o de un «mero cambio de dinastías». Aparte de que el Estado y la sociedad navarra se hallaban plenamente asentadas en la Edad Moderna, cultural, social, económica y políticamente.
Fue precisamente este hecho, que el Estado navarro fuese un Estado moderno con una sociedad políticamente cohesionada y unas instituciones sólidas, lo que obligó a los conquistadores a tener que soportar, muy a su pesar, la existencia de un sistema jurídico, político y social mucho más avanzado y desarrollado que el suyo propio. De ahí el funcionamiento actual de residuos institucionales pertenecientes al Estado navarro en hacienda pública, derecho civil, administración local, etc., que no son creación, delegación o transferencia del Estado español.
El Estado europeo de Navarra es una realidad jurídico política, que solo puede ser negada desde la ignorancia o desde antidemocráticos planteamientos de dominación nacional. La existencia del Estado navarro, no desaparece por la imperialista, antidemocrática y antijurídica imposición, manu militari, de las instituciones provinciales españolas a partir del año 1841. El sistema jurídico del Estado navarro no fue disuelto, desmantelado, o suplantado por acuerdo de los representantes de Navarra reunidos en sus Cortes Generales, sino al contrario, impidiéndoles que se reunieran, por lo que nunca fue decidido por el pueblo navarro, que tampoco fue consultado de cualquier otra forma.
En estos ciento sesenta años de secuestro del Estado navarro, éste se halla en hibernación y su energía resulta imprescindible para hacer andar a los restos de la soberanía navarra que todavía están en funcionamiento, entre los que se hallan, su cultura pública, sociedad civil, soberanía fiscal, euskara, o Derecho civil. A pesar de todo, Navarra en este largo y penoso cautiverio de siglo y medio, nunca ha olvidado del todo su condición de Estado europeo, o de Reino europeo, como era reconocida en Europa hasta 1841.